martes, 21 de abril de 2026

Cossío, Los Toros, Tomo I, "Una ganadería estatal de reses de Lidia", artículo de los años 60 que ya delataba la dilución y riesgos de extinción de la variedadades raciales.

Cossío, Los Toros, Tomo I, "Una ganadería estatal de reses de Lidia", artículo de los años 60 que ya delataba la dilución y riesgos de extinción de la variedadades raciales. 

Portada del Tomo 1. Los Toros, vocabulario y anecdotario. 

"Una ganadería estatal de reses de Lidia" 
En España, la ganadería de todas las especies está gubernativamente atendida, con la excepción del pura sangre de lidia, porque ni el Ministerio de Agricultura ni el Sindicato Nacional de Ganadería se han ocupado del estudio científico de las vacadas de sangre brava, aunque particularmente algunos veterinarios y criadores de toros han realizado ciertas investigaciones y experimentaciones. Pero la verdad es que falta la valiosa ayuda oficial y continuamos con las ganaderías genuinas casi organizadas como hace tres centurias. Es decir, de forma pragmática, ya que los modernos estudios zoológicos no se han aplicado a nuestro singular vacuno, página en blanco de la historia de la zoología mundial. Esto propugna don Álvaro Domecq y Díez en La verdad del toro, donde se muestra partidario de lo que debiera estar vigente hace bastantes años y se pregunta por qué oficialmente no se realizan ya los estudios técnicos al respecto. Es loable que los ganaderos españoles, a lo largo de los siglos, sobre el primitivo toro ibérico, consiguieran una raza bovina única en la tierra, seleccionando cornúpetas en Andalucía -dondo un puble Sevilllano, Utrera, alumbra las tres vacadas que han dado más toros boyantes -; en la Mancha, con los jijones; en Castilla, con el Raso de Portillo y Colmenar Viejo principalmente; en Navarra, poco trapio y mucho temperamento, y la charra, según don Alipio Pérez-Ta-bernero, de impulsividad no excesiva. 

Pero en la hora presente hay que reconocer la realidad de que las crridas de toros, más bellas que emocionantes hoy, ha sido en detrimento del verdadero toro de lidia, merecedor, como la capra hispánica, de ser declarado animal de interés nacional. Hace media centuria, con la implantación del peto protector para los caballos de los picadores, cambia de signo la cría de astados para la lidia, que no han de tomar muchas varas, sino proporcionar muchos muletazos. Y hace un cuarto de siglo, por imperativo del mercado, la mayoría de los criadores no mandan sus toros al redondel para que sean dominados artísticamente por los espadas y sus cuadrillas, sino para que se luzcan con la faena de muleta y puedan cortar cómodamente las orejas.

Se han uniformado las reses para los cosos, tanto en trapío como en temperamento, pues casi todos los toros son ahora de pelo negro y cuerna reducida, sin que se pueda ya por su exterior determinar siempre la rama genealógica. Y en cuanto a sus condiciones de lidia, pasteños la mayoría, porque año a año se va rebajando el genio en la campera prueba de la tienta, con lo que el pura sangre de lidia es una especie bovina a extinguir.

En el capítulo de esta obra titulado «El toro en la zoología», redactado con la colaboración del profesor de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, don Zacarías Salazar, al tratar de la psicología del toro, dice muy discretamente: «Para terminar, insistiré en que la vida psíquica del toro es bastante elemental, como consecuencia del escaso desarrollo del sistema nervioso mental, de la vida poco intensiva y variada y de los instintos que obran en esa vida tan monótona que no necesita apenas de los actos inteligentes ni aun para buscar el alimento, con que siempre cuenta abundantemente. La vida paradisiaca es cada vez mayor en las ganaderías, y la selección de sus cualidades, menos ásperas y duras, va convirtiendo al toro en ese toro tonto comercial, que hace posibles alardes y gallardías de la lidia actual, pero que, a la larga, restándole interés y patetismo, pone en riesgo de desvirtuación la fiesta y aun de hacerla desaparecer, al menos como espectáculo que responda a una tradición de lucha y riesgo preponderantes».

Tiene mucha razón tan ilustre colaborador, porque el ir eliminando paulatinamente el celo acometedor conduce a un cornúpeta ni bravo ni manso, de muy aburrida lidia para el espectador. Ya Francisco Montes en su Tauromaquia completa, o sea el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo exponía, hace siglo y medio, que con los toros aplomados había escasa diversión. Pero, sobre todo, si el hoy es lamentable en este aspecto, peor es el mañana, porque peligra además la conservación del pura sangre de lidia.

Dos facetas importantes pueden considerarse en esta materia: la experimentación y la reserva. Hay que abogar porque se recobre el pura sangre y estimo que esta tarea compete exclusivamente al Estado, que debe crear de inmediato una ganadería oficial para realizar los dos objetivos antedichos. Una ganadería con finalidad científica, una superganadería, al margen de modas y de gustos, con varios tipos tradicionales, para salvaguardar este lujo español vacuno y utilizarlo no solo para conservación y mejora de las ganaderías especializadas de nuestra patria, sino de las de Francia, Portugal e Hispanoamérica, no pudiéndose ya demorar esta imprescindible labor estatal para defensa, tutela y conservación de esta única especie zoológica, orgullo de la cabaña española. Diversos escritores taurómacos —Mariano Rubiera, José Calero, Álvaro Arias, Díaz-Manresa y Sánchez Canales, entre otros— han propugnado la creación de una ganadería estatal de reses bravas, en cuya idea abundan diversos veterinarios. Por ejemplo: el catedrático de Zootecnia, Gumersindo Aparicio, califica a nuestras genuinas vacadas de «milagro de inteligencia y tesón del ganadero español, que ha sabido dar cima a la empresa zootécnica más bella del mundo»; el doctor Juan José Zaldívar estima: «es alentador el interés por la ganadería de lidia desde ese otro vértice ajeno totalmente a su explotación económica, cual es su científico conocimiento y biológica preservación, en el que debemos intervenir todos los que tenemos la dicha de valorar la inmensa riqueza natural, artística, científica y económica que representan nuestros toros bravos y por los que prácticamente nada se ha hecho. Si este bello animal estuviese en las dehesas de cualquier otra nación tendría ya su Instituto de Investigación, su reserva propia para su más amplio conocimiento y un buen número de especialistas dedicados a su estudio más profundo».

Formando parte de una campaña para la madrileña Hoja del Lunes en 1969 sobre «Toros de lidia en Doñana», el director de esta estación biológica, el doctor en Ciencias Naturales José Antonio Valverde, me dijo: «La idea de preservar una vacada brava pura me parece excelente. Un estudio que no se ha hecho aún oficialmente es la ecología del toro de lidia y una investigación de este tipo es interesante en España. En Francia se ha publicado un libro sobre el tema referido a las vacas camarguesas semisalvajes. Aunque es un problema complejo y con dificultades, la cría y protección de un hato de lidia podría ser considerado en el programa de la Estación de Reserva Biológica de Doñana».

Otras opiniones al respecto fueron las siguientes: el crítico taurino de Radio Nacional, Rafael Campos de España estimó que es misión del Estado conservar y experimentar nuestro insólito animal ibérico y tutelarlo al igual que otras especies terrestres y marítimas; el secretario de la Peña Jumillano, de Madrid, Gregorio Bahón, dijo que es de aplaudir se pida la creación de una vacada oficial de reses bravas para que se cuide la pureza del toro de lidia, pues de ellos se beneficiarían los propios ganaderos y el prestigio de nuestra fiesta nacional, que necesita el toro noble, pero con temperamento; el secretario nacional de los criadores de toros de lidia, Manuel García Aleas, cree imprescindible una vacada para estudio y experimentación oficiales; el presidente de la madrileña Peña Taurina El 7, Tomás Martín Thomas, estima urgente crear una ganadería oficial, sin mermar su temperamento, para que en un futuro próximo pueda surtir de sementales o hembras a las vacadas especializadas españolas y extranjeras; un torero y ganadero, Domingo Ortega, juzga muy acertado el estudio oficial sobre el toro de lidia para mejorar su rendimiento, pues embisten verdaderamente un 20 por 100 y el ideal es que lo hicieran un 80, y el doctor en tauromaquia y licenciado en Derecho Victoriano Valencia cree que el Estado debe evitar con medidas oportunas que se extinga la pureza de castas en las vacadas típicas.

Aquel mismo año, en la VII Semana Internacional del Toro de Lidia celebrada en Salamanca, se tomó en consideración una propuesta mía para solicitar de los poderes públicos la creación de una ganadería experimental de reses bravas en la Estación de Reserva Biológica de Doñana (Huelva). El iniciador de dichas Semanas, Eleuterio Ferreira, jefe de los Servicios Municipales de Veterinaria, explicó: «El llevar a Doñana toros para criar en reproducción dirigida para mantener líneas puras y de alto valor energético en cuanto a bravura y constitución es del mayor interés científico».

Parece apremiante y muy justa la fundación de una ganadería estatal de reses bravas en una o varias dehesas de región ganadera apropiada, pues no es preciso que fuere en Doñana —donde en 1624 Felipe II desde el balcón principal del palacio mató con arcabuz tres bravucones cornúpetas de los que tanto abundaron siempre por aquellos parajes— o en las marismas del Guadalquivir en las que, según el poeta y ganadero Fernando Villalón, hace miles de años pastaban piaras de toros y vacas exactamente en los cortijos en que en la actualidad siguen rumiando tranquilamente, en espera de la puya y el estoque, las más famosas ganaderías bravas españolas.


Fuente: 

Referencia bibliográfica publicada en el Tomo 1 de la colección Los toros, titulado: Vocabulario y anecdotario, de Cossío (Espasa 2007). Es el último articulo de la sección final titulada: Miscelánea Taurina,  Páginas 698 a 703. Posiblemente se escribiera a finales de los 60, principios de los 70 del siglo pasado.