Semental y vacas de origen Martínez. (Casta Jijona). Ganadería Quintas. Colmenar del Arroyo. Madrid. Mayo 2013. Fotografía de Paco Zamora

sábado, 12 de septiembre de 2009

La Ganadería en la Mancha y en los Montes de Toledo.

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LA GANADERÍA EN LA MANCHA Y EN LOS MONTES DE TOLEDO


(Capítulo del libro "Ganaderías de lidia y ganaderos. Historia y economía de los toros de lidia en España".

escrito por Antonio Luis López Martínez quien muy amablemente nos ha autorizado a reproducir íntegramente en nuestro blog, además de notas que sobre este capítulo obtuvo en distintos registros).




En esta región el medio físico y las circunstancias particulares de la repoblación favorecieron el desarrollo de una importante y diversificada cabaña ganadera. La ganadería aunque relacionada con la agricultura en algunos aspectos, tuvo, a diferencia de otras regiones peninsulares, importancia por sí misma, ya que la producción de animales para el abasto de Madrid, o la cría de ovejas para la lana constituyeron los principales cometidos de la producción ganadera.
La Mancha tiene un carácter relativamente plano y cerrado, lo que constituye un obstáculo para la escorrentía superficial, que favorece la retención de agua en forma de zonas lacustres producidad por afloramientos de los acuíferos subterráneos en algunos puntos, como es el caso de las Tablas de Daimiel y de otras formaciones lacustres más pequeñas (Arroyo Illera). Este medio natural permite la existencia de excelentes pastos, dehesas y agostaderos entre los que destacan las dehesas de Alcudia y la Real Dehesa de Zacatenas, que constituyen algunas de las más preciadas dehesas de la Orden de Calatrava, que era propietaria en la región de 114 dehesas con más de 250.000 ha de pastos. Las mejores tierras para el ganado vacuno se situaban en las orillas de los ríos y junto a las zonas lacustres, donde el pasto permanecía verde durante más tiempo.
También los Montes de Toledo constituían una comarca muy apta para el aprovechamiento ganadero. En una buena parte de la comarca los perfiles de las formaciones montañosas son bastante suaves, lo que permite el aprovechamiento del ganado vacuno. Las condiciones climáticas, con temperaturas relativamente suaves, con una media anual de 15º y una precipitación anual de unos 600 mm concentrada en invierno y primavera permitían, sobre todo en las laderas montañosas, el mantenimiento del pasto verde hasta la entrada del verano. Los suelos de escasa profundidad y poca materia orgánica son poco aptos para la agricultura, facilitando de este modo su aprovechamiento ganadero (Donézar Díez de Ulzurrún, 1984). Las cabeceras de los ríos y las zonas montañosas son las más apropiadas para la cría del ganado vacuno.
Estructura de la propiedad
Sí el medio físico hacía a esta zona apta para el aprovechamiento ganadero las circunstancias históricas terminarían por determinar la importancia de dicho aprovechamiento. Durante la Edad Media, la Mancha había constituído una zona fronteriza y, por tanto, con baja densidad demográfica, lo que favoreció la explotación ganadera en la región. La repoblación fue encomendada a las órdenes militares que se constituyeron en los mayores propietarios de la región hasta las desamortizaciones de los liberales en el siglo XIX. Este modelo de repoblación una determinada forma de ocupación, ordenación y explotación del territorio en la que el aprovechamiento ganadero fue el más destacado.
Las mismas órdenes militares promovieron la constitución de comunidades de pastos entre distintos términos municipales de su jurisdicción, con el fin de facilitar el desarrollo de la ganadería y atraer pobladores (López-Salazar Pérez, 1989). Los vecinos de los diferentes pueblos que integraban la comunidad de pastos tenían derecho a pastar sus ganados en todos los pueblos de la mancomunidad, ya que los diferentes municipios habían renunciado a tener bienes comunales para el aprovechamiento exclusivo de cada término municipal en concreto. Las comunidades más importantes fueron las del Campo de Calatrava y la de los Montes de Toledo, que agrupaban a decenas de municipios y disponían de varios cientos de miles de hectáreas de pastos en común.
Durante el siglo XVI la sucesivas desmenbraciones eclesiásticas promovidad por Carlos V y Felipe II supusieron la enajenación de buena parte de las tierras de las órdenes militares en la región, que a pesar de ello continuaron siendo los principales propietarios de tierras. El principal beneficiario de estas desmembraciones fue la nobleza que constituyó numerosos latifundios, también en buena parte dedicados a pastos para el ganado. Ni las órdenes militares ni la nobleza explotaron directamente sus latifundios. Lo que dio lugar a la aparición de un nuevo grupo de individuos relacionados con la tenencia de la tierra, estos son los grandes arrendatarios de las encomiendas de las órdenes y de los latifundios de la nobleza. Estos grandes arrendatarios constituían una especie de oligarquía local que se refuerza con la adquisición de los cargos municipales, regidores, lo que les permite controlar los ayuntamientos y elaborar ordenanzas en su propio beneficio.
Las desamortizaciones del siglo XIX supusieron el fin de la propiedad eclesiástica y municipal y la salida al mercado de muchas propiedades de la nobleza. A partir de 1855 en la provincia de Ciudad Real se vendieron 620.000 ha, que equivalen a una tercera parte de la superficie provincial, llegándose a poner en venta hasta el 80% de algunos municipios (Simón Segura, 1974). Este proceso favoreció a la burguesía local, descendiente de los antiguos grandes arrendatarios, que adquirieron buena parte de las propiedades puestas en venta, lo que consolidó su papel como oligarquía local (Mata Olmo, 1988). En el censo de grandes propiedades elaborado por la II República, casi el 70% de las propiedades latifundistas estaban en manos de propietarios locales o provinciales.
También en los Montes de Toledo las mayores parcelas correspondían en su totalidad a la nobleza, al clero (especialmente la Catedral de Toledo) y a los concejos municipales. Sólo la propiedad municipal con casi 300 dehesas ocupaba más de 220.000 ha. Una buena parte de estas grandes propiedades, unas 600.000 ha, aproximadamente el 40% de la superficie, estaba destinada exclusivamente a los pastos. La desamortización afectó de manera muy especial a la provincia de Toledo y significó la puesta en venta de una buena parte de sus tierras, si bien continuó manteniéndose la estructura de la gran propiedad, especialmente en las zonas montañosas, en las que el 60% de la superficie censada corresponde a unidades de más de 200 ha. A diferencias de lo ocurrido en Ciudad real, la proximidad a Madrid hizo que fuese la burguesía madrileña la que adquirió la mayor parte de las propiedades puestas a la venta, por lo que la clase latifundista siguió conservando en esta provincia un fuerte componente nobiliario y absentista (Mata Olmo, 1988).
Los criadores de toros de lidia
La oligarquía local tenías más intereses ganaderos que agrícola, aunque estos no estuviesen del todo ausentes. Precisamente el interés ganadero es el que está detrás de la adquisición de los oficios de regidores municipales que les van a permitir arrendar los bienes de propios, usurpar los pastos comunales y dictar ordenanzas municipales en su beneficio. Es esta misma oligarquía municipal la que regula la utilización por parte de los vecinos de las comunidades de pastos. Precisamente la mayor parte de los ataques lanzados contra los privilegios de la Mesta en el acceso a los pastos vendrían por parte de esta oligarquía urbana en defensa de sus intereses como grandes ganaderos estantes.
La gran hacienda municipal manchega era, como afirma López-Salazar Pérez (1986), una explotación mixta agrícola y pecuaria en la que se combinaban la labranza, la cría del ganado y la comercialización de los frutos. A los animales precisos para la labor, que en el caso de los grandes labradores manchegos los bueyes eran los animales de tiro preferidos, se unían los ganados de renta, lo que daba lugar a amplias cabañas ganaderas y hacía que muchos hacendados manchegos subordinasen su explotación agrícola a la ganadera. La cría de ganado a gran escala era una de las actividades preferidas por parte de los grandes labradores que eran unos auténticos "señores del ganado". Además de la cría de ganado para la labor estos grandes labradores criaban animales para el abastecimiento de carne a los mercados de los grandes núcleos de población próximos, especialmente Madrid, y subsidiariamente vender algunos animales de labor y toros para la lidia.
Es el contexto de estos grandes ganaderos en el que hay que ubicar la aparición de la cría del toro de lidia. La documentación relativa a la celebración de corridas de toros en madrid en los sglos XVII y XVIII nos ha permitido identificar a los proveedores de toros a la Corte que tenían un origen manchego. Así del estudio de López Izquierdo (1975) sobre festejos en Madrid en el siglo XVII resultan 5 ganaderos procedentes de la provincia de Ciudad Real y 11 de Toledo, mientras que entre los ganaderos que se presentaron en Madrid entre 1760 y 1800 hay 20 de la provincia de Ciudad Real y 4 de la de Toledo. De todos estos ganaderos que vendieron sus toros en Madrid hemos conseguido estudiar el perfíl y la trayectoria que siguieron algunos de ellos los que nos permite aproximarnos a trazar un cierto perfil de los mismos.
Los proveedores de toros de origen manchego correponden a lo que hemos denominado "señores del ganado". Precisamente, son los que más cabezas de ganado poseen y todos ellos forman parte de la mencionada oligarquía urbana, ya que poseen el cargo de regidor municipal o bien se trata de miembros de alguna de las órdenes militares, mayores terratenientes de la zona, o bien de arrendatarios de algunas de las encomiendas de dichas órdenes, lo que les permite ejercer un importante control territorial sobre la región. Por otra parte se aprecia en ellos una larga tradición familiar, que llega a ser más que secular en algunas familias de ganaderos. El catastro de Ensenada, los protocolos notariales y ciertas referencias bibliográficas nos permiten seguir la trayectoria de algunas de estas familias de ganaderos. Se trata de las familias Muñoz en Ciudad Real, Sánchez Jijón y Díaz Hidalgo en Villarrubia de los Ojos.
Gonzalo Muñoz Treviño de Loaysa, natural y vecino de Ciudad Real en el siglo XVII, ha sido estudiado, a partir de la descripción de sus bienes tras su muerte en 1670, por López-Salazar Pérez (1981). Se trata de un gran labrador que si bien no poseyó muchas tierras -178 ha entre cereal, viña, olivar y huerta- si que fue propietario de una importante cabaña ganadera, al tiempo que agricultor de una considerable explotación agrícola que abarcaba unas 4.000 fas, incluídas superficie sembrada y barbechos. Su cabaña ganadera estaba dedicada tanto a la labor, para la que contaba con 160 bueyes reveceros, como a la renta con 37.000 cabezas de ganado lanar, 782 cerdos, 532 vacunos, 527 ganado caprino, 280 mulos, 246 caballos y 79 asnos. Esto hace que haya que considerar que fue la explotación ganadera la que le resultó más provechosa, siendo la labranza una activdad secundaria (López-Salazar Pérez, 1981). Una buena parte de la actividad ganadera estaba destinada a abastecer los grandes mercados urbanos próximos, como demuestro el que haya constancia del envío de 80 cabezas vacunas para Madrid y 44 para Toledo. Además aunque no hay referencias documentales, hay que suponer que Gonzalo Muñoz también vendió reses para la lidia, como demuestra el hecho de que, además de 4 toros padres, tenía 10 toros de 5 años, cuyo destino sería, sin duda, la lidia.
Una cabaña ganadera de estas dimensiones le obliga a tener que contar con una gran superficie de pastos, para conseguirla se va a valer de su condición de caballero de la orden de Calatrava, lo que le va a permitir arrendar o administrar hasta 10 dehesas en el Campo de Calatrava, entre ellas la Real Dehesa de Zacatenas. Al finas de su vida consiguió, en pugna con los ganaderos serranos, el arrendamiento del valle de Alcudia, que tenía capacidad para 139.000 ovejas.
Descendiente suyo sería Álvaro Muñoz Torres, regidor perpetuo de Ciudad Real, que en el catastro de Ensenada, casi 100 años después, aparece como el principal ganadero de Ciudad Real. Sus propiedades en el término municipal estaban constituídas por 1.500 fanegas de cereal de secano, 23.000 vides, 660 olivos y 32 fanegas de regadío. Pero, también, en este caso, destaca por su ganadería, integrada por 15.000 cabezas de lanar fino, 250 vacas y 100 toros, además de mulas, cabras y cerdos. Al igual que en el caso de su antepasado, su ganadería invernaba en el Campo de Alcudia. Aunque no hay referencias a que vendiese toros de lidia el número de toros de su propiedad, así lo indica, así como el hecho de que su hijo, Álvaro Muñoz Teruel vendiese toros en Madrid desde 1782, vndiendo 33 toros en 1796 y 24 toros en 1797.
La segunda familia de criadores de toros de lidia importante fue la de los Sanchez Jijón, vecinos de Villarrubia de los Ojos del Guadiana, localidad de la que salieron otros ganaderos de toros. Según un estudioso de la familia (Villalobos, 1967), esta se instala en Villarrubia desde el siglo XVI. El primer testimonio de su actividad como ganaderos data de 1679 cuando Juan y Pedro Sánchez Jijón venden 20 toros para la plaza de Madrid. En 1721 un toro propiedad de la familia da muerte a una mujer, si bien la primera descripción de sus actividades agro-pecuarias es de 1736, fecha de una descripción de sus bienes. La ganadería vacuna estaba formada por 233 vacas, 49 toros, 30 utreros y 30 erales, en total 369 cabezas. En una posterior descripción de 1743, la ganadería vacuna serían 300 vacas, 140 toros con más de 2 años y 16 cabestros, incluídas las guías. Por último, los bienes de José Antonio y Miguel Sánchez Jijón, hijosdalgo y caballeros de la Orden de Calatrava estaba constituída, según el Catastro de Ensenada por 1.120 cuerdas de cereal de secano, 362 cuerdas incultas por montuosas, 15.700 vides y 5.000 olivos. Su ganadería era muy extensa y diversificada, en ella 250 mulos, 250 caballos y yeguas, 2.700 cabezas de lanar fino, 1.600 de caprino. La ganadería vacuna era muy extensa, con 433 vacas y 180 crías, 209 toros de todas las edades y 38 bueyes de labor. De aquí queda claro que a pesar de la importancia que pudiese tener su actividad como agricultores, los Sánchez Jijón eran antes que nada grandes ganaderos, como lo demuestra el hecho de tener 48 trabajadores, entre mayorales y zagales ocupados con el cuidado el ganado. La ausencia de tierras de pastos entre sus bienes hace pensar que para mantener su ganado arrendarían dehesas para lo que debieron valerse de su condición de caballeros de la orden de Calatrava. A este respecto hemos localazado en los protocolos notariales de Villarrubia algunos testimonios de arrendamientos de las dehesas de Calatrava la Vieja, de la Encomienda de Carrión y del Campo de Alcudia.
Su actividad como ganaderos de lidia queda constatada, sobre todo, en las ventas que hacen de sus reses a la plaza de Madrid, desde antes de 1760. En el Archivo de la Comunidad de Madrid, donde se conservan parte de los libros de contabilidad de la plaza de toros madrileña, hemos localizado las siguientes adquisiciones de toros de la familia Sánchez Jijón:
-1770 59 toros
-1772 61 toros
-1790 72 toros
-1796 97 toros
-1797 70 toros
A partir de 1803, a la muerte de José Sánchez Jijón, los toros se lidian a nombre de su viuda Leonor del Águila y posteriormente del segundo marido de ésta, Bernabé del Águila Bolaños. Hay un contrato para la venta de 12 toros propiedad de Bernabé para Andújar en 1807. Todavía en 1810, lidia toros a su nombre en Madrid, si bien apartir de 1814 ya no aparece su nombre entre los ganaderos que lidiaron en dicha ciudad, lo que parece indicar que la ganadería debió de extinguirse como consecuencia de los acontecimientos habidos durante la Guerra de la Independencia.
La última de las familias ganaderas manchegas analizada es la de Díaz Hidalgo, también de Villarrubia de los Ojos del Guadiana, que debió mantener buenas relaciones con los Sánchez Jijón puesto que Hermenegildo Díaz Hidalgo fue tutor de los hermanos José y Miguel, durante su minoría de edad. En una primera descripción de los bienes de Hermengildo Díaz Hidalgo en el Catastro de Ensenada, no aparece ganado vacuno y sí algunas tierras y ganado de diversas especies. Los principales testimonios de su actividad como criadores de toros de lidia aparecen vinculados a la venta de toros para la plaza de Madrid, en la que Hermenegildo Díaz Hidalgo comienza a lidiar desde 1782. A nombre de diferentes miembros de la familia se lidiaron toros en Madrid, al menos, hasta 1834:
-1790 24
-1796 20
-1797 15
-1831 20
-1834 24
Aunque, también, hemos localizado en los protocolos notariales de Villarrubia algunos contratos de venta de toros hechos por Hermenegildo Díaz Hidalgo a finales del siglo XVIII a las plazas de toros de Valencia, 13 toros, de Antequera, 40 toros y de Granada 24 toros.
Todavía durante la primera mitad del siglo XIX continuaron lidiándose toros en Madrid procedentes de Ciudad Real, en concreto durante este período se presentaron dicha ciudad 17 ganaderías. Si bien la presencia de toros manchegos en Madrid decayó en la segunda mitad del siglo XIX, en la que sólo se presentó un ganadero de esta provincia. La reforma agraria liberal constituyó, además de la desaparición de los grandes propietarios tradicionales, un cambió en la orientación agraria de la zona. El progreso de las actividades agrícolas llevadas a cabo por los nuevos propietarios fue arriconando la cría del ganado, entre ella la del ganado de lidia en las áreas marginales, cabeceras altas de los ríos y zonas montañosas de la región. Por último, ha sido la irrigación de los valles y la desecación de las zonas lacustres la que ha terminado arrinconando la cría del toro de lidia en las zonas serranas (Pardo Abad, 1988).
En la actualidad, la cría del ganado de lidia se concentra en el norte de la Provincia de Toledo y en el sur de la de Ciudad Real. La provincia de mayores efectivos ganaderos es la de Toledo, especialmente en los municipios de los Montes de Toledo y Sierra de S. Vicente -Navamorcuende, Oropesa, Peña de Aguilera y los Yébenes.
DISTRIBUCIÓN ACTUAL DEL GANADO DE LIDIA EN LA MANCHA
Provincia
Municipios
Reses de lidia
Toledo
Ciudad Real
Albacete
Cuenca
Guadalajara
24
9
6
3
5
7.390
2.708
2.554
756
772
Castilla-La Mancha
47
14.180

AHP CIUDAD REAL
Catastro de Ensenada
Villarrubia de los Ojos, leg. 767-768
En el término hay:
-430 vacas
-150 becerros y becerras
-209 toros de todas las edades
-7 bueyes
-18 cabestros y 2 guías
El valor de un becerro al separarlo de la madre es de 100 rs; 200 rs al cumplir los 2 años; a los 3 años 320 rs y si se deja para toro 520 rs con 5 ó 6 años. De modo que sí se vende capado a los 3 años vale 320 rs y si se vende como toro con 5 ó 6 años vale 520 rs.
Libro de personal:
-José Antonio Sánchez Jijón, hijosdalgo y caballero de la orden de Calatrava, soltero de 27 años de edad. Tiene la tutela de su hermano Miguel.
Servicio:
1 mayordomo, 2 criadas, 1 mayoral de mulas, 1 mayoral de bueyes de labor, 1 ayudador de la labor de mulas, 1 ayudador de la labor de bueyes, 4 zagales en la labor de mulas, 1 zagal en la labor de bueyes, 1 guarda de las vacas paridas, 1 mayoral de las vacas horras, 1 mayoral de los toros, 10 mayorales con otras especies de ganado, 3 ayudadores en el ganado vacuno, 9 ayudadores en otras especies de ganado, 2 zagales con los toros, 6 zagales con otras especies, 7 medios zagales con todos los ganados, 1 hortelano y 1 garañonero.
Bienes:
4 casas en el pueblo y 1 casa de campo, 1 molino de aceite
32 olivos de regadío
2 cuerdas y 3 cels e regadío
1.120 cuerdas de sembradura de secano
362 cuerdas incultas por montuosas
15.700 vides
4.957 olivos
3 eras empedradas con 6.020 varas
Ganado en el término:
-247 mulos de diferentes edades
-32 caballos y potros y 116 yeguas de vientre horras
-38 burros
-220 vacas de vientre con 180 crías
-213 vacas horras
-209 toros de todas las edades
-1.600 de cabrío
-2.680 de lanar fino
-90 cerdos
Ganado fuera del término:
-38 bueyes en la labor de Carrión
-100 yeguas en la dehesa de Calatrava en Carrión

Hermengildo Díaz Hidalgo:
2 casas, 1 molino de aceite, 1 mesón
370 cuerdas de sembradura de secano
59 cuerdas incultas por montuosas
4 eras empedradas con 7.015 varas
Ganado en el término
21 burros
63 yeguas
12 potros
67 mulos
2 caballos
1.000 cabezas de lanar
668 cabras
9 cerdos
Ciudad Real
legajos, 616-618
Los toros valen 150 al destete, 20 más cada año hasta cumplir los 3 y 50 más cada año hasta los 5 años
Álvaro Muñoz Torres
5 casas
32 fas de regadío
1.500 fas de sembradura de secano
23.000 vides
660 olivos
5 eras empedradas con 21.200 varas
2 casas de campo y 1 molino aceitero
Oficio de regidor perpetuo
Ganado vacuno:
18 pares de bueyes reveceros
250 vacas de parir
60 erales
Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real
Protocolos de Villarrubia de los Ojos
1793
Arrendamiento de la dehesa Calatrava la Vieja, perteneciente a las Órdenes Militares, que hasta entonces la llevaba en arrendamiento José Jijón, recluso por orden de S.M. en el convento de su orden. Se arrienda a un nuevo colono en 5.000 rs/
1793
Obligación para el pago de 13 toros
Nicolás Monsalve que otorga poderes de los consiliarios del Hospital Real Ganeral y Militar de Valencia para comprar 42 toros, ganado de la mejor calidad y fama que hubiese, para las funciones que se han de celebrar en la Plaza de Sto. Domingo. Por el citado poder ha comprado a Hermenegildo Díaz Hidalgo 13 toros con las siguientes condiciones:
1º Por cada toro se pagarán 1.300 rs que hacen 16.900 rs más 390 en razón de cabestraje a 30rs/toro. Dicha cantidad se le ha de entregar en letra cuando concluyan los festejos y contra el Sr. Portillo, comerciante en Madrid en la Puerta de Guadalajara a favor de Hermenegildo Díaz que habrá de cobrar Diego Villanueva, conductor de los toros.
2º Los toros han de ser conducidos por cuenta de Hermenegildo Díaz hasta Requena, a partir de aquí corren por cuenta del citado Hospital, que se hará cargo de la manutención de los criados y de las caballerías pagándoles a cada uno 7 reales diarios desde la llegada hasta la vuelta a Villarrubia
3º. Que si la guí muriese durante dichas funciones se le abonarán por ella el equivalente a 2 toros y si es un cabestro el que muere, será el importe de 1 toro.
4º. Que si por algún acontecimiento, después de conducidos los toros no se celebrasen las corridas, será obligado el hospital a pagarlos, más el importe de los pastos, en el caso de que los toros vuelvan a la torada, en donde permanecerán por cuenta del referido hospital.
1794
Pedro de la Torre acordó con José Fº. Cárdenas, de Antequera, asentista de la plaza de toros de dicha ciudad remitirle 40 toros para las corridas que se habían de celebrar en dicha ciudad. Los toros valdrán a razón de 1.300 rs/, abonándose la suma total a Hermenegildo Díaz Hidalgo mediante letra a pagar en Madrid.
1796
Vicente Serrano, vecino de Granada y en nombre de los comisarios del Real Cuerpo de Maestranza de Caballería de Granada para las funciones de toros que en este año han de celebrarse en Granada acuerda con Hermengildo Díaz Hidalgo la compra de 24 toros a precio de 1.450 rs/
Hermenegildo Díaz será el encargado de poner los toros el 26-5 en Puente de Cubillas, a 2 leguas de Ganada, una vez efectuada la entrega los criados podrán regresar con el cabestraje. Los 34.800 rs importe de los toros lo han de poner por letra inmediatamente recibidos los toros para que Hermenegildo los pueda cobrar en especie de oro o plata en Madrid, Almagro o Ciudad real.







Antonio Luis López Martínez



libro "Ganaderías de lidia y ganaderos. Historia y economía de los toros de lidia en España".



HISTORIA E INSTITUCIONES ECONOMICAS



Universidad de Sevilla.



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