martes, 2 de diciembre de 2008

Humedales, cumbre, molinos y santuarios; caminería, historia, medio ambiente y turismo en el noroeste manchego (España)

Seleccionamos este estudio porque recoge el Herradero de los Jijones dentro de un inventario de de edificios a proteger. Además describe fielmente la zona en la que se criaron los toros jijones.

Recomendamos visitar también esta entrada en la que se documenta el hallazgo del Herradero de los Díaz, que fueron los últimos poseedores de la Gandería de los Jijones.

http://castajijona.blogspot.com/2008/09/herradero-de-los-daz.html

Isabel Kenia Muñoz López-Astilleros. (1)

HUMEDALES, CUMBRES, MOLINOS Y SANTUARIOS; CAMINERÍA, HISTORIA, MEDIO AMBIENTE Y TURISMO EN EL NOROESTE MANCHEGO (ESPAÑA)


Actas del V Congreso Internacional de Caminería Hispánica. Tomo I, pp. 171-192
Valencia. 2000

I. INTRODUCCIÓN
Este estudio tiene como objetivo plantear una aproximación a los valores medioambientales y culturales del noroeste manchego, relativamente desconocido para el gran público, cuya promoción y puesta en valor encontraría uno de sus vehículos más interesantes y valiosos en la reivindicación del uso de los caminos que la atraviesan.

La zona, situada al norte de la provincia de Ciudad Real en su límite con la de Toledo en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha y en el corazón de la Meseta Sur española, es un pentágono, cuyos vértices vienen constituídos por las poblaciones de Los Cortijos al noroeste, Picón al suroeste, Carrión de Calatrava al sur, Daimiel al sureste y Puerto Lápice al noreste, dentro del cual se encuentran además las municipios de Fernancaballero, Malagón, Torralba de Calatrava, Carrión de Calatrava, Fuente el Fresno, Villarrubia de los Ojos, Arenas de San Juan y Villarta de San Juan así como numerosas aldeas. En este polígono confluyen varios espacios naturales como las estribaciones meridionales de los Montes de Toledo, que configuran un eje suroeste-noreste, y el valle del Guadiana en su confluencia con los ríos Gigüela, Azuer y Bañuelos, extendido a sus pies, donde se inicia la llanura de La Mancha y el Campo de Calatrava y donde proliferan humedales y antiguos volcanes. Esta privilegiada circunstancia medioambiental, unida a la especial relevancia de sus restos arqueológicos y de sus edificios históricos urbanos y rurales, no siempre en buen estado ni bien conocidos, junto con la existencia de una riquísima malla de caminos antiguos hacen de ella un ámbito idóneo para plantear una propuesta global de revalorización integrada del Patrimonio Ecológico y Cultural basada en la caminería.


Comenzaremos este estudio inventariando los principales espacios naturales, yacimientos arqueológicos y sitios históricos, sin olvidar tampoco otros valores como la artesanía, la gastronomía, el folklore y la religiosidad de sus gentes, reivindicando en todo momento la necesidad de la preservación de esta riquísima herencia material y espiritual. A continuación se analizará la trama viaria de la comarca, prestando particular atención a los caminos tradicionales que intercomunican estos enclaves y resaltando el hecho, frecuentemente ignorado, de que configuran una malla de indudable valor cultural, ecológico y turístico que requiere igualmente de conservación, protección y promoción. En consecuencia y como colofón, se ofrecerá el diseño de una serie de «rutas» que, a partir de los citados caminos, permitirían a vecinos y forasteros el disfrute de un entorno realmente privilegiado.
II. EL PATRIMONIO MEDIOAMBIENTAL
En el Noroeste manchego confluyen muy distintos paisajes que, sin embargo, pueden agruparse en dos grandes unidades orográficas: la montaña y la llanura.

II.1. Los Montes de Toledo
La primera está representada por las estribaciones meridionales de los Montes de Toledo y, en particular, por las Sierras de la Calderina, de Malagón, del Sotillo y de Casalobos a poniente y por las Sierras Luenga y de la Virgen o de la Cueva a levante. Estas hermosísimas montañas, plagadas de manantiales de clarísimas aguas, aún conservan buena parte del fragor de la vegetación que les hizo famosas: encinas, chaparros, coscojas, lentiscos, acebuches, cornicabras, labiérnagos, jaras, enebros, espinos, brezos, retamas, romeros, etc., quedando incluso en algunas gargantas bosquetes de robledal con madroños, brezos y torviscos (Peinado y Martínez 1985).

Esta espesura está poblada por ginetas, zorros, gatos monteses, comadrejas, tejones y, en las zonas más montaraces, águilas reales, jabalíes y probablemente linces, habiéndose repoblado recientemente algunas fincas con venados, muflones y arruis (García Rayego 1995). Ya no quedan, sin embargo, otras especies como los osos, mencionados por Alfonso XI en su Libro de la Montería. Además de la degradación de este ecosistema en el entorno más cercano a los principales núcleos de población, que en el caso de la Umbría de la Sierra de Malagón se agrava por la proliferación incontrolada de graveras, el otro gran problema de los montes son los vallados que protegen las grandes propiedades dedicadas a la caza mayor y que impiden el paso a los caminantes.

II.2. La Llanura Manchega
La llanura manchega, que se extiende a los pies de estas estribaciones, ha sido mucho más alterada por la acción del hombre que los Montes pero ofrece, a cambio, una inusitada variedad de paisajes que sorprende siempre al observador.

II.2.1. Dehesas y cultivos
Aún se conservan restos del encinar primigenio en el entorno de Las Tablas en las fincas del Chaparral del Duque en Villarrubia de los Ojos, La Dehesa de Carrión y, sobre todo, en las Dehesas de Casablanca y de Zacatena en Daimiel, mencionada esta última en documentos del siglo XII y constituída por numerosos ejemplares centenarios de gran belleza.

Pero este paisaje de suaves ondulaciones es hoy eminentemente agrario, alternándose en él olivares, viñedos y cereales, que constituyen un mosaico de múltiples tonalidades, donde destacan majanos, pedrizas, ranchos y bombos de piedra y que ha inspirado a afamados pintores manchegos. Sin embargo, en los últimos años la expansión rapidísima de las grandes extensiones de cultivos regados mediante bombas y pozos profundísimos ha sustituído a las pequeñas huertas salpicadas de blancas casillas y regadas con norias y pozos someros, transformando no sólo el balance hídrico de la zona sino también su paisaje vegetal, particularmente en el entorno de Daimiel (Pillet 1989).

II.2.2. Humedales
Pero si algo otorga idiosincrasia a este tramo de la llanura manchega es la presencia de numerosos humedales y otros fenómenos hidrológicos de variada naturaleza que le han dado el merecido título de La Mancha Húmeda (Serna y Gaviria 1995, VV.AA. 1998a y b).

- Los Ojos del Guadiana:
En los llamados Ojos, cuya «incomprensible» naturaleza ha inspirado tanta literatura, descargaba naturalmente el acuífero 23 y nacía el Guadiana, cuyo nombre proviene de sendos vocablos árabe y prerromano que en ambos casos significan «río». O mejor dicho, nacía un segundo Guadiana, pues el primero se origina aguas arriba en las Lagunas de Ruidera. Dichos afloramientos, situados entre los términos de Villarrubia de los Ojos, Daimiel y Las Labores y que recibían nombres particularizados como Ojo del Pico, del Rincón, del Sordico, de Mari-López, de las Estacas, Ciego, Canal, Cercano, Estanque de la Señora, etc., han dejado actualmente, sin embargo, de aportar agua al cauce debido al drástico descenso del nivel freático del acuífero provocado por la extracción incontrolada de aguas subterráneas para el regadío. Los Ojos, hoy secos, se han deteriorado enormemente y en su lugar existen turberas con zonas de autocombustión y hundimientos, que se repiten asimismo en otros sectores del cauce del Guadiana aguas abajo de Las Tablas.

- Las Tablas de Daimiel:
Por tanto, el Guadiana permanece seco hasta las Tablas, donde confluye con el Gigüela, gracias a cuyas aportaciones algo salobres pero mucho más irregulares se mantienen con mayor dificultad los niveles de encharcamiento, y con el Azuer, originándose en estas «juntas» islas como las del Pan, de la Entradilla, del Descanso, de los Tarayes, del Maturro, de los Asnos o de los Generales, de la Madrecilla, etc. Inmediatamente aguas arriba están las juntas o confluencias del Riánsares, del río de las Ánimas y del Záncara con sus correspondientes desbordamientos y encharcamientos, que ampliaría originalmente el fenómeno hacia las Tablas de Villarrubia y de Villarta de San Juan. En este privilegiado entorno acuático encuentran su hábitat ideal numerosísimas especies de aves como el avetorillo, el calamón, la espátula, el ánade real, la polla de agua, el martín pescador, el escribano palustre, el avefría, la agachadiza, el carricero, porrones, fochas, avocetas, chorlitejos, gaviotas, cigüeñas, grullas y todo tipo de patos, garzas, garcetas, cercetas, somormujos y zampullines, que hacen sus nidos en la espesura de masiegas, carrizos, juncos, juncias y eneas.

Esta riqueza ha convertido tradicionalmente Las Tablas en un paraíso cinegético que ha atraído a lo largo de los siglos a privilegiados cazadores desde el Infante Don Juan Manuel al general Franco, hasta que a mediados del siglo XX se prohibió totalmente su práctica. En la actualidad Las Tablas, declaradas Parque Nacional en 1973 y Reserva de la Biosfera, son visitables a través de una serie de itinerarios compuestos por sendas, observatorios y pasarelas que facilitan la observación de la fauna.

Bajo las aguas hubo antaño una rica fauna piscícola, desaparecida al introducir el voraz lucio, que se pescaba utilizando embarcaciones cortas y de poco calado llamadas curianas. También el cangrejo, que se capturaba con garlitos o nasas de junco, desapareció devorado por el intruso cangrejo americano. Además de pescadores y cangrejeros o garliteros, otros muchos oficios explotaban este hervidero de vida, como los masegueros, que recolectaban la masiega para combustible de hornos de cal y de cerámica, o los carriceros, que recogían carrizos y otras espadañas para la fabricación de sillas, esteras y techumbres. Sin olvidar asimismo que la abundancia de caudales del Guadiana, cuyas aguas alcanzaban en algunos puntos los 6 m. de profundidad y no podían atravesarse sino en barca, permitía el funcionamiento de más de una decena de molinos harineros.
Sin embargo, la inadecuada política hidráulica de las últimas décadas, manifiesta en el saqueo incontrolado a que ha sido sometido el acuífero junto con encauzamientos artificiales y embalses, unida a las pertinaces sequías más recientes han herido de muerte al Guadiana y a Las Tablas, cuya riqueza animal y vegetal sólo se recupera en época de lluvias abundantes. Los oficios tradicionales vinculados al agua han desaparecido igualmente como están a punto de hacerlo los edificios de los molinos.

- Otras formaciones lagunares:
En las proximidades de Las Tablas existen otros humedales más modestos como el Charcón de La Nava y las lagunas de la Albuera y del Escoplillo (Daimiel), originadas por fenómenos de encharcamiento propios de zonas endorreicas, y que, pese a que en su mayoría han sido desecadas para destinarlas al cultivo, en años lluviosos pueden recuperar sus dominios originales. Peor destino ha corrido la laguna de Navaseca (Daimiel), que hace actualmente honor a su nombre por su vinculación a los secos Ojos del Guadiana.
Otras lagunas como la laguna de Romaní en Carrión de Calatrava, la laguna de la Hoya de la Camacha en Picón y la Nava Grande, la Nava Pequeña y la Nava de Enmedio en Malagón tienen, sin embargo, un origen algo diferente, pues se trata de «maares» o depresiones originadas por explosiones volcánicas que posteriormente se han rellenado de agua (Ancochea 1983). En sus momentos hidrológicos óptimos estas navas recuperan su población piscícola y atraen una nutrida población de aves acuáticas que tradicionalmente han sido codiciado objeto de captura.

II.2.3. Vulcanismo
El paisaje del Campo de Calatrava presenta inexcusables muestras de un importante vulcanismo ligado a la orogenia alpina que, en el área de estudio, está representado por el volcán de Baños en Carrión de Calatrava y los afloramientos volcánicos de Las Tiñosas en Daimiel, La Cabeza, Las Monjas y Cabeza Parda en Fernancaballero, San Marcos en Torralba de Calatrava y Cabezaparda, La Arzollosa, Sedano y Sancho Rey en los confines del término de Picón, desde cuyas cimas, aunque modestas, suele disfrutarse de hermosas vistas sobre el entorno (Ancochea 1983).
Pero también es volcánico el origen de las Navas de Malagón, de las lagunas de Picón y Carrión y de manantiales de aguas «agrias» o ferruginosas cuya pérdida de anhídrido carbónico mediante un burbujeo característico explica el nombre de «hervideros» con que se les conoce popularmente y de los que existen pequeños ejemplos en los términos de Malagón y Carrión de Calatrava así como en el piconero arroyo de Fuente Agria (Poblete 1995).

III. EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO
La riqueza y diversidad medioambiental de este sector de la Meseta Sur contribuyen a explicar en gran medida un importante poblamiento desde épocas muy antiguas manifiesto en numerosos yacimientos arqueológicos de singular importancia, cuyo materiales se guardan y exponen en el Museo de Ciudad Real (Caballero y otros 1983, García Huerta y otros 1994, Sánchez y otros 1994).

III.1. Prehistoria
Al Paleolítico corresponden las densas concentraciones de industria lítica documentadas en las tierras bajas de El Sotillo y en el entorno de Las Navas de Malagón y de la laguna de la Camacha de Picón, probablemente vinculadas a la caza de las numerosas especies animales que habitaban o acudían a abrevar a estas zonas lacustres (Ciudad y otros 1983). Restos paleolíticos se conocen asimismo en el Depósito del Agua de Malagón y en El Molinilo de Los Cortijos.

Muchísimo más abundantes son los yacimientos asignables a la Edad del Bronce, poblados amurallados que reciben los nombres de «motillas», «morras» y «castillejos» según se ubiquen en zonas encharcadas, pequeñas lomas y cumbres de la sierra respectivamente y que se extienden por toda la llanura manchega y los Montes de Toledo (Martínez 1988). En el área de estudio encontramos las motillas de Azuer, Los Palacios, Las Cañas y Zuacorta, excavadas las tres primeras por equipos de las universidad de Granada y Autónoma de Madrid, entre otras del municipio de Daimiel, las motillas de La Dehesa en Carrión y de Villarta y los castillejos de la Plaza de los Moros en Malagón, el Cerrajón de Fuente el Fresno en Villarrubia, Los Castillones en Fuente el Fresno, el Morro de la Dueña en Picón y otros de las estribaciones meridionales de los Montes de Toledo, además de las motillas de Malagón y Torralba de Calatrava, hoy desaparecidas (Nájera 1984, López 1988).

Restos de la Edad del Hierro se conocen en lugares como la Plaza de los Moros y el desaparecido Castillo de Malagón y en Jétar o Jétor, Renales y El Lote en Villarrubia de los Ojos, conociéndose la región en esta etapa con el nombre de Oretania, recogido por las fuentes clásicas.

III.2. Época Romana y Visigoda
A esta etapa corresponden diversos puentes vinculados a la red principal y secundaria de calzadas que atravesaba la cuenca del Guadiana y la ponía en contacto con las del Tajo y del Guadalquivir, de la que quedan asimismo algunos restos (Corchado 1969, Carrasco 1990). Dichos puentes fueron aprovechados después por la red de cañadas y caminos reales y reformados en mayor o menor profundidad posteriormente. Así, el puente de Arenas de San Juan, con 12 ojos, y el de Villarta de San Juan, con 36 ojos de diversa morfología, ambos sobre el Gigüela; el Puente Viejo del camino de La Máquina sobre el Azuer en Daimiel, con 3 ojos y sin pretiles; el puente Romano del Molino Carrillo sobre el río Bañuelos en Malagón, con 10 ojos, estribos de grandes sillares y tajamares en ángulo; y el puente del camino de Consuegra en Puerto Lápice. También incluyen restos romanos yacimientos como Molino Carrillo en Malagón, El Lote en Villarrubia de los Ojos, Las Ventas en Puerto Lápice y Zacatena y Borondo en Daimiel, suponiéndose asimismo la existencia de torreones bajo la iglesia parroquial de San Juan Bautista en Villarta de San Juan y bajo la Posada del Rincón en Puerto Lápice.
Importante fue asimismo la ocupación visigoda de la zona de estudio, representada por necrópolis como la del Cristo del Espíritu Santo, donde se recuperaron 73 tumbas de los siglos VI-VII en torno a una basílica, y la de la Calle Real de Malagón, excavadas ambas por Carmelo Fernández Calvo y hoy desaparecidas.

III.3. Edad Media

El yacimiento medieval más importante de la comarca es, sin duda, la fortaleza de Calatrava la Vieja en Carrión de Calatrava (Ruibal 1984, Retuerce 1994), cuyas imponentes ruinas eran conocidas popularmente como Las Torres de Calatrava. Fundada por los árabes en el siglo VIII para proteger el camino entre Córdoba y Toledo, fue conquistada en 1147 por Alfonso VII, quien la donó a la Iglesia y al Arzobispo de Toledo para quedar finalmente y tras diversas vicisitudes bajo la Orden de Calatrava, erigida en orden cruzada independiente del Císter, que la convirtió en su sede. Con la derrota cristiana en Alarcos de 1195, Calatrava, como la mayoría de las posesiones de la Orden, pasó a los almohades hasta que en 1212 Alfonso VIII la conquista definitivamente tras la batalla de las Navas de Tolosa. A partir de 1217 dejó de ser la casa madre de la Orden, que se trasladó al Sacro Convento de Calatrava la Nueva (Calzada de Calatrava), circunstancia que, unida a la insalubridad de las aguas del Guadiana que la rodeaban, explican que fuera abandonándose hasta quedar definitivamente despoblada en el siglo XVI. Excavada por Manuel Retuerce Velasco y acondicionada para la visita, consta la fortaleza de más de medio centenar de torres entre los que quedan tramos de lienzo que en algunos aún son de considerable envergadura, conservando en su interior los restos del castillo y de una iglesia asentada sobre una mezquita y en el exterior la coracha y el sistema de fosos que, aprovechando el agua del Guadiana, la defendían de las incursiones enemigas.
Fortalezas y torres medievales, unos mejor documentados que otros, hubo asimismo en otros parajes como la Plaza de los Moros de Malagón, la Virgen de la Sierra y Jétar en Villarrubia de los Ojos, la Venta de Borondo, la Casa de los Guardas de Zacatena y Moratalaz y Barajas en Daimiel y estuvieron asimismo en el origen de la mayoría de las localidades de la zona (Izquierdo 1985, Herrera 1989, Zozaya 1995). Así, el castillo de Malagón, sobre el que se levanta una vivienda particular, el de Daimiel, bajo la antigua ermita de San Juan, el de Torralba, junto a la antigua ermita de Ntra. Sra. de la Concepción, y los de Villarrubia, Fuente el Fresno y Villarta, probablemente bajo las actuales parroquias de la Asunción, de Santa Quiteria y de San Juan Bautista respectivamente. Estas fortalezas, pertenecientes en su mayoría a la Orden de Calatrava excepto las del sector nororiental, vinculadas a la Orden de San Juan, sufrieron vicisitudes paralelas a la de Calatrava la Vieja.

En el entorno daimieleño existen asimismo numerosos despoblados de origen medieval. El más famoso de ellos es el de Barajas, mencionado ya en el siglo XV, donde estuvo la ermita de Ntra. Sra. de Barajas o de San Marcos, destruída a fines del XVIII, y muy cerca la iglesia de San Bartolomé. Otros ruinas daimieleñas famosas son las de Ureña, donde estuvo la ermita de la Virgen epónima, cuyo culto perduró hasta fines del siglo XIX; la Casa-Encomienda y ermita de Santa María de Torroba, que se menciona ya en el siglo XIV; Villadiego, en la Cañada del Carrerón, donde estuvo un puesto de cobro de montazgos y barcajes de la Orden de Calatrava; y la Casa de Moratalaz, donde estuvo la ermita de San León, citada ya en el siglo XIII.

IV. EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

IV.1. Edificios urbanos

El origen de las poblaciones de la zona de estudio se vincula casi sistemáticamente a la existencia de las citadas fortificaciones y su origen suele remontarse en la mayoría de los casos a los siglos XII-XIII, si bien las primeras menciones documentales pueden ser posteriores. En torno a estos núcleos originales fueron creciendo las distintas poblaciones que, con el correr del tiempo, se desligarían de las Encomiendas de Calatrava y de San Juan y, en el caso de los municipios del sector occidental, de los llamados Estados del Duque, entregados a la Casa de Medinaceli ya en época renacentista (Corchado 1982, González Cárdenas y otros 1996, Campo 1997).

Hermosísimas son las iglesias parroquiales de Ntra. Sra. del Valle, en Arenas de San Juan, con su bello ábside mudéjar y sus pinturas románicas, y de Santa María la Mayor, dedicada a Ntra. Sra. de la Asunción, en Daimiel, del siglo XIV, que cuenta con dos puertas góticas y una renacentista. Es asimismo digno de destacar el convento de clausura de las Carmelitas Descalzas de San José en Malagón, fundado en 1568 por Santa Teresa de Jesús y construído por el arquitecto Nicolás de Vergara el Mozo unos años después, en cuya iglesia, la única zona visitable, se guardan varios espléndidos retablos barrocos (Campo 1997, Soler 1999).

En Daimiel destacan asimismo la iglesia de San Pedro Apóstol, del siglo XVI, el convento de las Mínimas de San Francisco, erigido sobre la antigua ermita de la Santísima Trinidad, y la iglesia de la Paz o del antiguo convento de las Carmelitas, ambos del siglo XVII, y las ermitas de San Roque, del siglo XVI y quizá antigua sinagoga de la judería, la de San Isidro o del Ecce Homo, del siglo XVII, y la del Cristo de la Luz, del siglo XVIII, junto a la que se encuentra el convento de los Padres Pasionistas, que proporciona alojamiento al peregrino (García-Muñoz 1988).
Las iglesias parroquiales de la Asunción en Villarrubia, de Santiago Apóstol en Carrión, de San Agustín en Fernancaballero, de San Juan Bautista en Villarta y de San Salvador en Picón conservan en mayor o menor medida su factura gótica y renacentista, siendo de destacar que la de Carrión alberga la talla románica de mármol policromado de la Virgen de los Mártires y la de Fernancaballero conserva un artesonado perteneciente a la primitiva capilla mudéjar. Mayoritariamente barrocas son, en cambio, la iglesia parroquial de la Santísima Trinidad y la ermita del Cristo de Torralba.

La arquitectura civil está representada por El Torreón de Carrión, la casa solariega barroca de La Tercia de Arenas, la Torre del Reloj de Villarta, del siglo XVII, la Casa Sánchez Gijón de Villarrubia, del siglo XVIII con un magnífico patio, las casas de los Herederos de Manuel Muñoz y de Carmen Romero de Puerto Lápice, de estilo popular, y, particularmente, las ventas de esta última localidad, que en su día le dieron renombre y de las quedan la Venta de Don Quijote, del siglo XVIII, la Posada del Rincón y la antigua venta o posada de la Casa de Dorotea, hoy casa de vecinos. Entre las plazas resaltan las de Puerto Lápice y Daimiel: la primera es del tipo de patio manchego, con sendos pisos de soportales de madera pintados de almagre; la segunda tenía antaño soportales encalados sobre pies y zapatas de madera de aspecto también típicamente manchego, que fueron después sustituídos por columnas de piedra y finalmente por las actuales columnas de hierro, mientras que las galerías de miradores fueron cegándose con tabiques de adobe. Finalmente, conviene no dejar de visitar el Centro de Interpretación del Agua y los Humedales Manchegos de Daimiel y el Museo de Agricultura de Villarrubia, con una interesante colección etnográfica.

IV.2. Edificios rurales

IV.2.1. Santuarios y ermitas

La construcción de los santuarios sigue en todos los casos un esquema muy similar, articulado en torno a un gran patio porticado de estilo manchego compuesto por dos pisos levantados en la mayoría de los casos mediante pies y zapatas de madera. A él se abren numerosas habitaciones, que suelen alquilarse para estancias temporales o para celebraciones, disponiéndose en uno de sus laterales la iglesia, de una sola nave y cubierta con cúpula. Los orígenes de estos santuarios, que hoy se han constituído en grandes centros de la religiosidad popular de los contornos, se remontan frecuentemente a época medieval, a cuyo esquema de casa-granja con oratorio adjunto y corte cerrada parecen corresponder, aunque los edificios actuales han de fecharse preferentemente entre los siglos XVI y XVIII (Campo 1994, González-Cárdenas y otros 1996).
Así, el santuario de la Virgen de la Sierra de Villarrubia, cuya imagen del siglo XII, parcialmente destruida en la Guerra Civil, es patrona de las Dieciocho Villas que componían el Priorato de San Juan y cuya fuente porporciona una cristalina agua apreciadísima en los contornos. El de la Virgen de las Cruces de Daimiel, que contiene la imagen de alabastro, del tipo de las Virgenes Negras medievales, y cuyo patio presenta excepcionalmente el cuerpo inferior de arcos de ladrillo. El de la Virgen de la Encarnación de Carrión, construído sobre un edificio musulmán al pie de la fortaleza de Calatrava la Vieja. Y el del Cristo del Espíritu Santo de Malagón, el único que se encuentra dentro de una aldea.

Como excepción, incluiremos en este apartado la ermita de San Cristóbal en la Sierra de la Virgen de Villarrubia, existente ya en siglo XVI, y desde cuyo mirador, denominado Balcón de La Mancha, puede contemplarse una inigualable vista de la llanura que se extiende a sus pies casi hasta sus confines en Sierra Morena.

IV.2.2. Molinos

Estas infraestructuras hidráulicas, dedicadas durante siglos a la molienda de cereal e incluso en algún caso a la producción de energía eléctrica en fechas más recientes, se sitúan en su mayoría en el curso del Guadiana, excepto el Molino Carrillo, con dos piedras harineras, sobre el río Bañuelos y el Molino de Angulo sobre el Gigüela. Así y de este a oeste, se encontraban, entre otros, los molinos de Arque, en el comienzo de los Ojos, con dos piedras; Zuacorta o La Parrilla, con tres; La Quebrada, prácticamente desaparecido, en la zona de Las Cañas; La Máquina o La Dehesa, con dos piedras; El Nuevo, con cuatro piedras; Griñón, con cinco piedras; Molemocho y Puente Navarro, con cuatro piedras cada uno; Flor de Ribera, que en el siglo XVIII dependió del Colegio de los Jesuitas de Almagro, junto al que construyeron granja, bodega y capilla y que sirvió de venta a los viajeros; Calatrava, junto a la fortaleza que le da nombre; Los Malvezinos, La Torre y Gaitanejo. Todos pertenecen al término de Daimiel, excepto Carrillo en Malagón, Angulo en Arenas, Flor de Ribera en Torralba, Calatrava y Malvezinos en Carrión, La Torre en Fernancaballero y Gaitanejo en Picón.

La mayoría aparecen ya mencionados en las Relaciones de Felipe II (Viñas y Paz 1971), siendo algunos anteriores, como Molemocho, posiblemente del siglo XV (Rodríguez-Picavea 1996). Otros, más modernos, conservan inscripciones que determinan su fundación, como Carrillo, en 1731, y Zuacorta, en 1796. La mayoría de ellos estuvo en uso hasta mediados de los años 60 y actualmente se encuentran en estado de ruina más o menos avanzada, excepto los de Zuacorta y Carrillo, rehabilitados como viviendas particulares, y Molemocho, como futuro Centro de Interpretación del Parque de Las Tablas. Si estos edificios no se restauran a corto plazo dotándolos de utilidades que hagan rentable la inversión necesaria para su acondicionamiento, este inigualable conjunto se perderá irremediablemente como ha sucedido en zonas próximas (González Ortíz, 1986).
El único molino de viento de la zona de estudio es el llamado del Bachiller Sansón Carrasco, reconstruído donde estaba uno más antiguo y situado en las alturas de La Sierrecilla, en Puerto Lápice.

IV.2.3. Otras edificaciones rurales

Entre los ejemplos más notables de arquitectura civil rural de la comarca se encuentran la Casa de la Venta de Borondo y la Casa de los Guardas de Zacatena, ambas en Daimiel: la primera, situada en la carretera local de Bolaños a Manzanares, fue construída en el siglo XV y presenta portada plateresca y elementos de los siglos XVI y XVII; la segunda, que presenta una fachada con balconada, dos torreones en las esquinas, espadaña y escudo central así como un patio con corredor, es un edificio de dos plantas que sigue el típico esquema de las casas de labor manchegas. A Villarrubia pertenecen la Casa-Herradero de los Jijones y la Casa de Campo de Jétar.

En torno a estos edificios principales o quinterías, que gobiernan las grandes fincas y que en algunos casos, como La Blanquilla de Las Labores, se han dedicado a alojamiento rural, se suelen situar otras dependencias como las viviendas de los gañanes o trabajadores, que, más humildes, estaban originalmente constituídas por una gran cocina que servía como dormitorio gracias a los poyetes en torno a la chimenea, corrales, cuadras, naves para el ganado y la maquinaria, etc.
Mucho más modestas son las casillas aisladas para la labor de las huertas y del secano, que suelen constar de un cuarto con chimenea y poyetes y otro para los aperos, cerca de las cuales se disponían, en el caso de las huertas, las norias, hoy en desuso y prácticamente desaparecidas, y las albercas. Estaban asimismo las casas o chozos de pescadores, muy parecidas a las anteriores excepto por el techo de carrizo, que, como su nombre indica, servían como vivienda mientras duraba la temporada de pesca; de ellos sólo quedan algunos restos cerca del camino de Molemocho a Puente Navarro, excepto un ejemplar restaurado por el Ayuntamiento de Daimiel en la Isla del Morenillo. Estas construcciones, como toda la arquitectura tradicional manchega, están encaladas y apenas presentan vanos al exterior. En el caso de Los Montes de Toledo el refugio temporal para las faenas del campo de pastores, piconeros y gañanes eran, en cambio, los chozos, construídos con materiales vegetales y que aún pueden contemplarse en las zonas serranas menos degradadas.

V. ARTESANÍA, GASTRONOMÍA, RELIGIOSIDAD Y FOLKLORE
La religiosidad popular, articulada principalmente en torno a las fiestas patronales y a las romerías a ermitas y santuarios, tiene una de sus expresiones de mayor raigambre y belleza en la Semana Santa de Daimiel, algunas de cuyas populosísimas cofradías se remontan al siglo XV y cuyas imágenes, de Alonso Cano y Martínez Montañés en algunos casos, son de gran valor artístico. Destacan asimismo la llamada Fiesta de las Paces en honor de Ntra. Sra. de la Paz de Villarta, que con su desmesurado despliegue de pólvora y fuego parece indicar una raiz musulmana, y las Fiestas de Santa Quiteria en Fuente el Fresno, donde se lanzan grandes cantidades de harina, recordando celebraciones romanas relacionadas con la agricultura y el culto a la tierra. Por no hablar de las afamadas procesiones a la carrera de las Virgenes de la Encarnación y de las Cruces; del desfile de estandartes de las Dieciocho Villa en honor de la Virgen de la Sierra; y de la solemne y concurridísima procesión de la festividad de Santa Teresa de Jesús en Malagón, cuya imagen está permanentemente ligada a innumerables promesas y exvotos (Leal y otros 1987).

En todas estas celebraciones tiene un lugar privilegiado el folklore, con gran variedad de músicas y bailes como fandangos, seguidillas, jotas, rondeñas, villancicos, romances, gañanadas o pregones y las afamadas Torrás de Daimiel. En toda la zona se elaboran asimismo las Cruces de mayo, aderezadas con flores cultivadas y plantas aromáticas recogidas en los campos y las sierras, a las que acompaña el canto de los Mayos.

No con menos pasión se celebra el Carnaval, particularmente en Daimiel y Malagón, representado por las cabalgatas de carrozas y, aún más interesante, por las llamadas «máscaras», disfraces populares confeccionados con lo que se tiene a mano, acompañados de caretas y de una falseamiento de la voz destinados a conseguir el objeto último y ancestral de esta celebración, poder actuar y hablar libremente sin ser reconocido.

A todas estas celebraciones acompaña asimismo una gastronomía privilegiada (VV.AA. 1985), compuesta por platos como gachas, migas, pisto, ajo de patatas, tiznao, gazpacho, pipirrana, ajofrío, asadillo, etc., a los que pueden acompañar el afamado cordero, los productos de matanza y las carnes de caza como perdiz, conejo, liebre y, en las zonas serranas, jabalí y venado. De este repertorio han desaparecido, sin embargo, los deliciosos pescados de río como carpas, barbos, picarros y los cangrejos que antaño tanto alegraban la mesa. La comarca es afamada asimismo por su aceite, su queso con denominación de origen «manchego» y sus vinos asimismo con denominación de origen «La Mancha». Y como postre riquísimos dulces como rosquillas, barquillos, flores, mantecados, torrijas, perrunillas, roscapiña, cortadillos, empringadillas, sequillos, porrazos, etc., confituras como el mostillo, el arrope y la carne de membrillo y licores como el anís, la mistela y el chapurrao.

Finalmente, la artesanía local puede ofrecer asimismo gratas sorpresas al viajero (VV.AA. 1987). Así, la cestería, presente en Daimiel, que con aneas, espartos y mimbres elabora cestos, serijos, esteras, etc.; la forja artística, en Fuente el Fresno y Villarrubia, especializada en la fabricación de rejas para puertas y ventanas; los encajes de bolillos en Torralba y Carrión, con los que se elabora finísima ropa de casa así como accesorios de vestir; los trabajos en madera como puertas y muebles de estilo castellano y barandillas en Villarta y Daimiel; la alfarería, desarrollada en Daimiel y Villarrubia; y las labores en piel y cuero en Villarrubia y Picón.
V. LA RED DE COMUNICACIONES

En la actualidad el mapa de las comunicaciones del área de estudio está articulado básicamente en torno a los núcleos de población, unidos por una red de carreteras locales en pleno proceso de acondicionamiento y modernización. Atrás quedó la red de caminos que articulaban una indispensable geografía a pequeña escala que no sólo tenía en cuenta los núcleos urbanos sino también otros muchos elementos del paisaje humano y natural, tan importantes como aquéllos para el perfecto funcionamiento del engranaje comarcal.

A la citada malla de carreteras locales se superpone hoy otra, conformada por las carreteras nacionales que ponen en contacto la región con otros ámbitos peninsulares: la N-401 de Madrid a Ciudad Real, que, procedente de Toledo, atraviesa la zona de norte a sur por el oeste; la N-420 de Cuenca a Córdoba por Ciudad Real, que la atraviesa de noreste a suroeste; la N-430 de Valencia a Mérida por Ciudad Real, que, procedente de Albacete, la atraviesa de este a oeste por el sur; y la N-IV o Autovía de Andalucía, que la atraviesa de norte a sur en su extremo más oriental. Incluso estas arterias de carácter estatal están viendo subrayado cada vez más su carácter un tanto ajeno debido a la construcción de circunvalaciones y variantes que eluden atravesar las poblaciones por las que teóricamente discurren.
Muchas de estas carreteras siguen importantes caminos antiguos, como la citada Autovía, construída sobre el Antiguo Camino Real de Andalucía, o la carretera de Toledo, que se corresponde en algunos tramos con el Antiguo Camino Real de la Plata y con un ramal de la Cañada Real Soriana, y éstos aprovecharon a su vez el trazado de vías romanas de mayor o menor envergadura que han dejado sus huellas en numerosos puentes, posteriormente reacondicionados (Hernández 1959, Corchado 1969, Zozaya 1987, Carrasco 1990). Pero, en todo caso, la mayoría de las carreteras se han impuesto sobre una red de caminos ancestrales, hoy considerados menores y antaño destinados al fundamental trasiego de ganados, viajeros, carreteros, piconeros, moledores y pescadores, como muchas veces indican sus nombres. Así ha sucedido, por ejemplo, con el tramo de la Cañada y Camino Real de la Plata entre Las Guadalerzas y Malagón por la Cruz de Piedra, con las Cañadas Real Soriana Oriental y del Carrerón, que atraviesan la zona en su extremo suroriental, con el camino de los Moledores de Torralba y Manzanares, con el carril de los Aguadores de Torralba a Carrión, con la cañada de las Carretas en Villarta y Villarrubia, con el camino de los Moledores de Buenavista en este último término y con otros muchos viales.
Y así ha acontecido igualmente con los antiguos caminos que unían entre sí de manera directa y específica algunas localidades de la comarca, hoy abandonados, y que cobraban su verdadero sentido en una mundo de comunicaciones a caballo y en carro, donde cualquier ahorro de distancia significaba un importantísimo ahorro de tiempo. Con la proliferación de los automóviles algunos de estos caminos fueron transformados en carreteras pero muchos han sido arriconados en beneficio de rutas indirectas generalmente basadas en la combinación de una carretera local y otra nacional, lo que, aunque aumenta la distancia a recorrer, no supone una grave contingencia en una era de vehículos de motor y resulta menos oneroso desde el punto de vista de la inversión en infraestructuras. Sirvan como ejemplo las hoy poco transitadas cañadas de Malagón a Picón y de Malagón a Carrión, los antiguos caminos de Malagón a Villarrubia de los Ojos y de Malagón a Carrión, los antiguos caminos de Villarrubia a Puerto Lápice y de Villarrubia a Villarta y Arenas, los antiguos caminos de Daimiel a Carrión y de Daimiel a Villarta, y los diversos caminos de Daimiel a Villarrubia por los molinos y los puentes de Molemocho, Griñón, El Nuevo y La Máquina.

VI. CAMINERÍA, TURISMO Y PROMOCIÓN LOCAL

El objetivo último de este estudio es proponer la recuperación y revalorización de muchos de estos caminos vecinales, casi olvidados, como vehículo ideal para articular una red alternativa de comunicaciones que reivindique el conocimiento y el disfrute de los valores culturales, medioambientales y turísticos de la comarca, no siempre bien conocidos. Y ello en pro tanto de los visitantes, atraídos, sin duda, por el funcionamiento de una infraestructura de este tipo adecuada a sus necesidades, como de los propios vecinos, que no sólo verían incrementada su vinculación al espacio que habitan sino que podrían beneficiarse económicamente de esta apuesta turística.

Esta reivindicación de los valores turísticos para una promoción comarcal basada en la integración de elementos naturales, históricos y culturales ha sido ya comprendida a diversos niveles tanto privados como administrativos desde hace algunas décadas (VV.AA. 1978) y particularmente en los últimos tiempos. Así, diversas asociaciones locales promueven periódicamente rutas cicloturistas de gran éxito entre los vecinos como las de los Molinos de Agua-Las Tablas y del Castillo de Calatrava la Vieja en los términos de Daimiel y Torralba (VV.AA. 1998a: 100-5) y las de las aldeas de la Umbría y del Antiguo Camino Real de la Plata en Malagón. En la misma línea pero a mayor escala existen o han existido diversas iniciativas de diferentes ámbitos. Así, el Campo de Calatrava fue beneficiario de un proyecto dentro del programa europeo LEADER, destinado a la promoción de rutas turísticas sobre el vulcanismo, los yacimientos arqueológicos y la herencia de la Orden de Calatrava, asociadas a una red de casas rurales y de labranza (VV.AA. 1996). Mientras que la Asociación Tierra y Agua, que incluye los municipios de Daimiel, Las Labores, Puerto Lápice, Villarrubia, Arenas y Villarta, obtuvo un proyecto LEADER II que contaba entre sus directrices con el Ecodesarrollo (Serna y Gaviria 1995, VV.AA. 1998a).

En efecto, los nodos principales de la red caminera alternativa que proponemos no sólo serían los cascos urbanos con sus valores históricos y monumentales sino también otros elementos hoy menos valorados pero que están en el origen de la propia malla caminera, como son las edificaciones rurales de carácter civil, religioso e industrial y, en menor medida, los enclaves arqueológicos; integrados todos ellos en un paisaje privilegiado de sierras, humedales y fenómenos volcánicos que constituyen un conjunto diverso y único, donde los caminos se constituyen como un valor en sí mismo, necesitado también de protección.

Los caminos, cuyo recorrido podría hacerse en coche, bicicleta, caballería o a pie según los tramos y la preferencia personal, habrían de ser debidamente señalizados, acondicionándolos y devolviéndoles la servidumbre de paso allí donde fuera necesario y equipándolos con miradores o puestos de observación y descansaderos con agua y sombra, particularmente en la zona de la llanura, contemplando incluso la posibilidad de establecer enclaves para el alquiler de guías, cabalgaduras, vehículos todoterreno y bicicletas. Asimismo quintos, casillas y molinos, hoy abandonados y en ruina, podrían ser reconstruídos y adecentados para destinarlos a diversos usos vinculados al servicio del viajero como centros de avituallamiento e información, ecomuseos, alojamientos rurales, etc., acompañado todo ello de las debidas infraestructuras de promoción dentro y fuera de la comarca.

Este entramado caminero, cuyo catálogo se recoge en el Apéndice adjunto, sigue básicamente los ejes que de este a oeste diseñan las alineaciones de las sierras y los cauces de los principales ríos, Gigüela y Guadiana, entramado atravesado por otra serie de caminos transversales que posibilitan las comunicaciones en dirección norte-sur y que completan e interconectan la malla longitudinal. Como a simple vista podrá percibirse tras la lectura de la nómina de viales, ésta es un tanto desigual no sólo en cuanto al interés ecológico, histórico y turístico de las diversas rutas sino también por lo que respecta a la longitud y a las condiciones de uso y de conservación de las mismas. Sin embargo, hemos desechado aquí la posibilidad de jerarquizarlas en función de dichas características, no sólo para evitar el inevitable riesgo de caer en la subjetividad sino porque la adecuada realización de tal tarea, así como la descripción pormenorizada de distancias, tiempos y vicisitudes del recorrido, excedería con mucho los límites y la naturaleza preliminar de este estudio. Por no hablar de que el propio viajero podría asimismo diseñar sus propios recorridos a partir de las innumerables variaciones que las múltiples conexiones de la malla descrita permiten. Debido a todo ello, el listado que aquí proponemos ha de considerarse exclusivamente como una sugerencia básica y un punto de partida de investigaciones futuras.

Tampoco conviene olvidar que el citado mapa caminero no se agota en los límites del área de estudio sino que lógicamente puede prolongarse fuera de los mismos hasta incluir muchas de las bellezas de las tierras circundantes. Así, dirigiéndonos hacia el norte encontraríamos los magníficos parajes montañosos del Coto Nacional de los Quintos de Mora y del castillo de Las Guadalerzas; la localidad de Urda con su veneradísimo Cristo, donde puede llegarse desde Villarrubia por las ruinas de Santa María del Monte; la localidad de Consuegra, con sus molinos de viento y su castillo; y la localidad de Madridejos ya en la llanura manchega. Hacia el oeste arribaríamos a las localidades serranas de Porzuna, con su castillo de Miraflores, y Piedrabuena, rodeadas ambas por fantásticos paisajes volcánicos de conos y lagunas y por el paradisíaco entorno del río Bullaque. Hacia el sur entraríamos en Ciudad Real, con sus templos góticos, sus puertas amuralladas y su castillo y yacimiento de Alarcos, rodeada asimismo por un interesante paisaje volcánico; en Bolaños, con el castillo de Doña Berenguela; y en el afamadísimo conjunto histórico-artístico de Almagro, con su Plaza Mayor y Corral de Comedias, su Festival de Teatro Clásico, sus innumerables palacios, conventos e iglesias y su monumental santuario de la Virgen de las Nieves. Hacia el este, por último, llegaríamos a las grandes localidades industriales de Manzanares y Alcázar de San Juan, en la llanura manchega, donde se alzan asimismo interesantísimas iglesias y casas solariegas.

No privemos al viajero de la oportunidad de frecuentar todos los lugares cargados de belleza e historia que en estas páginas hemos tratado de recoger, parajes y caminos por donde la imaginación sugiere fuerzas primigenias, dibuja monjes a caballo, intuye la silueta inconfundible de Don Quijote y escucha el chirriar de la carreta en que viaja cansada Santa Teresa.

APÉNDICE: CATÁLOGO DE CAMINOS

1. Sector occidental (de norte a sur):

- El antiguo Camino Real de la Plata desde la localidad de Malagón a la aldea de El Emperador, en el término toledano de Los Yébenes: por el caserío de la Cruz de Piedra.

- El camino de la localidad de Malagón a la de Los Cortijos remontando el valle del arroyo de Los Cortijos: por Los Enjambraderos, el Charco del Tamujo y la aldea de Ballesteros.
- El camino de la Umbría de la Sierra de Malagón desde la localidad de Malagón a la aldea de Piedralá remontando el valle del arroyo de Verdelpino: por el puente romano sobre el Bañuelos, el molino Carrillo y las aldeas de Los Quiles, Valdehierro y Las Povedillas.
- El camino de la Solana de la Sierra de Malagón desde la localidad de Malagón al santuario del Cristo del Espíritu Santo en la aldea del mismo nombre: por el puente romano sobre el río Bañuelos, el molino Carrillo, las lagunas de las Navas y la ermita del Humilladero, con la posibilidad de visitar el yacimiento de la Plaza de los Moros y, más allá del Cristo, la afamadísima fuente de la Teja.
- El camino del santuario y aldea del Cristo del Espíritu Santo a la localidad de Carrión de Calatrava: por las aldeas de El Sotillo o Las Peralosas, el embalse de Gasset, la localidad de Fernancaballero, la cañada y el antiguo lago del Congosto, el embalse de El Vicario, la aldea de Peralbillo, el molino de La Torre, la laguna de Romaní, los molinos de Malvezinos y Calatrava, el santuario de la Virgen de la Encarnación, el castillo de Calatrava la Vieja y la motilla de La Dehesa de Carrión.
- La carretera del santuario y aldea del Cristo del Espíritu Santo a la localidad de Picón: por las aldeas de El Sotillo y Los Pinos con visitas a los yacimientos del Morro de la Dueña y Picón Viejo, el arroyo de Fuente Agria, la laguna de la Camacha y los afloramientos volcánicos de Cabezaparda, La Arzollosa, Sedano y Sancho Rey.
- La cañada de la localidad de Picón a la de Malagón: por el embalse de El Vicario, la aldea de Peralbillo, el antiguo lago del Congosto y los canales de Gasset y El Vicario, con la posibilidad de acercarnos a la localidad de Fernancaballero.

2. Sector central (de norte a sur):

- El camino de la Umbría de la Sierra de la Virgen desde la localidad de Villarrubia de los Ojos a la de Fuente el Fresno: por la carretera de Urda, el Puerto de los Santos, el Colmenar del Gordillo y la casa de Simancas hasta la casa de la Fuente del Pocito, y a partir de allí por pista o camino bordeando el Pico del Colmillo del Diablo Desesperado hasta la carretera de Toledo, sobre la antigua Cañada Real Soriana. Con la posibilidad de acercarse al mirador de la ermita de San Cristóbal al salir del casco urbano de Villarrubia.
- El antiguo Camino de la localidad de Villarrubia de los Ojos a la de Malagón: por los yacimientos y caseríos de Jétar y Renales, atravesando los arroyos provenientes de Fuente el Fresno, con la posibilidad de acercarse por el norte al santuario de la Virgen de la Sierra y por el sur a la margen derecha del Gigüela y de Las Tablas.
- El camino de los Molinos del Guadiana, Las Tablas de Daimiel y los Ojos del Guadiana desde el molino de La Torre en término de Fernancaballero a la localidad de Villarta de San Juan: por la laguna de Romaní, los molinos de los Malvezinos y Calatrava, Calatrava la Vieja, el santuario de la Encarnación, el molino de Flor de Ribera, la casa y dehesa de Zacatena, el molino de Puente Navarro, Las Tablas de Daimiel, los molinos de Molemocho y Griñón, los Ojos del Guadiana, la Casa-Herradero de los Jijones, los molinos Nuevo, de La Máquina y Zuacorta, El Chaparral del Duque, las ruinas de Madara, la localidad de Arenas de San Juan y su puente romano, el molino de Angulo y la motilla y el puente romano de Villarta.


- El camino de la localidad de Daimiel al Charcón de la Nava en término asimismo de Daimiel: por las lagunas de Navaseca, El Escoplillo y La Albuera y las cumbres de Las Tiñosas, con la posibilidad de acercarse a las ruinas de Barajas, el santuario de la Virgen de las Cruces y los conjuntos de la casa y dehesa de Zacatena con el molino de Puente Navarro y del castillo de Calatrava la Vieja con el santuario de la Virgen de la Encarnación.

- El antiguo Camino de la localidad de Daimiel a la de Carrión de Calatrava: por el Charcón de la Nava.

3. Sector oriental (de norte a sur):

- El camino de la localidad de Las Labores a las cimas de Manciporras en la Sierra de la Virgen, en el vértice de los términos toledanos de Madridejos y Camuñas y de los ciudarrealeños Herencia y Villarrubia: bien directamente por el cortijo de Doña Carmen bien bordeando Los Bodegones por el valle del Allozar.

- El antiguo Camino de la localidad de Villarrubia a la de Puerto Lápice: por Las Labores, visitando el molino de viento del Bachiller Sansón Carrasco en La Sierrecilla de Puerto Lápice.
- El antiguo Camino de la localidad de Villarrubia de los Ojos a las de Villarta de San Juan y Arenas de San Juan: por la margen derecha del Gigüela, entrando a ambas localidades desde el norte a través de los puentes romanos y visitando el molino de Angulo en Arenas y la motilla de Villarta.
- El antiguo Camino de la localidad de Daimiel a la de Villarta de San Juan: atravesando los Ojos del Guadiana.

- El antiguo Camino de los Moledores desde el Torreón de Moratalaz en término de Manzanares a la localidad de Torralba de Calatrava: por la motilla del Azuer y las ruinas de Ureña y Barajas.
- La Cañada del Carrerón desde la Venta de Borondo en término de Daimiel a la localidad de Puerto Lápice por las ruinas de Torroba y Ureña, la motilla del Azuer, los Ojos del Guadiana y, finalmente, bien por las localidades de Arenas de San Juan, con su puente romano y su molino de Angulo, y de Las Labores, bien por la localidad de Villarta de San Juan, con su motilla y su puente romano.

4. Caminos transversales (de este a oeste):

- Los diversos caminos antiguos de la localidad de Daimiel a la de Villarrubia de los Ojos: cruzando los Ojos del Guadiana por los molinos de Molemocho, Griñón, El Nuevo y La Máquina y sus respectivos puentes así como el cauce del Gigüela. Ello incluye las visitas al romano Puente Viejo sobre el Azuer en el camino de La Máquina, a la Casa-Herradero de los Jijones en los caminos de Griñón y El Nuevo, y al yacimiento de El Lote en el de Zuacorta.

- El camino del molino de Flor de Ribera en término de Torralba de Calatrava al santuario de la Virgen de la Sierra en término de Villarrubia de los Ojos: por la casa y dehesa de Zacatena, el molino de Puente Navarro, la casa y dehesa de Casablanca y el yacimiento y Casa de Jétar.


- El camino de la localidad de Fuente el Fresno a la de Daimiel paralelo a la carretera local: hasta el camino de la Calerilla o el de la Dehesa de Casablanca para acabar en la casa y dehesa de Zacatena y el molino de Puente Navarro y desde allí por la carretera local de Malagón a Daimiel.
- El camino de la localidad de Malagón a la de Daimiel: por la carretera local hasta la casa y dehesa de Zacatena y el molino de Puente Navarro y desde allí por camino al santuario de la Virgen de las Cruces, las cimas de Las Tiñosas y el Charcón de la Nava.
- El camino de la localidad de Malagón a la de Torralba de Calatrava: por la carretera local pasando por la aldea de Campomojado hasta el molino de Flor de Ribera y desde allí por camino al santuario de la Virgen de las Cruces.

- El antiguo Camino de la localidad de Malagón a la de Carrión de Calatrava: por los parajes de Campomojado y de La Dehesa, con la posibilidad alternativa de cruzar el Guadiana por el molino de Calatrava hacia Calatrava la Vieja y el santuario de la Virgen de la Encarnación .
- La Cañada de la localidad de Malagón a la de Carrión de Calatrava: por los molinos de los Malvezinos y la motilla de La Dehesa de Carrión.

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CARTOGRAFÍA

Cartografía Militar de España. Escala 1:50.000. Madrid: Servicio Geográfico del Ejército:
- Hoja nº 18-29 (736). Malagón.
- Hoja nº 19-29 (737). Villarrubia de los Ojos.
- Hoja nº 20-29 (738). Villarta de San Juan.
- Hoja nº 18-30 (759). Piedrabuena.
- Hoja nº 19-30 (760). Daimiel.
- Hoja nº 20-30 (761). Llanos del Caudillo.
- Hoja nº 19-31 (785). Almagro.
- Hoja nº 20-31 (786). Manzanares.

Mapa Topográfico Nacional de España. Escala 1:50.000. Madrid: Instituto Geográfico Nacional:
- Hoja nº 736. Malagón.
- Hoja nº 737. Villarrubia de los Ojos.
- Hoja nº 738. Villarta de San Juan.
- Hoja nº 759. Piedrabuena.
- Hoja nº 760. Daimiel.
- Hoja nº 761. Los Romeros.
- Hoja nº 785. Almagro.
- Hoja nº 786. Manzanares.

NOTAS
1 Becaria Postdoctoral, Departamento de Historia I y Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Alcalá de Henares.
2 Agradezco a Jorge Onrubia Pintado (Univ. Castilla-La Mancha), Guadalupe García García (Ayto. Malagón), Carmelo Fernández Calvo y Francisco J. López Fernández (Museo de Ciudad Real), Juan Manuel y José E. Tapiador López-Astilleros, Luis Aragoneses Herrera y Taina García Törrönen el haberme facilitado el acceso a determinada bibliografía e información. Pero no menos importante para la redacción de esta comunicación ha sido la tradición oral vinculada a la familia López-Astilleros y a las tierras de Daimiel, Torralba de Calatrava y Malagón; en particular a María Josefa López-Astilleros Loro, Sagrario López-Astilleros Naranjo, Julián Mejía Martín-Consuegra, y los difuntos Manuel López-Astilleros Piña, Teresa López-Astilleros Loro, Julia Loro García-Villaraco y Gumersindo Martín de Santos. Ellos fueron desgranando a lo largo de los años innumerables historias sobre estos lugares, donde vivieron y que tanto amaron; y a ellos, como a tantos protagonistas y paisajes de sus relatos, quiero rendir desde estas páginas un emocionado homenaje.




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Herradero de los Díaz, que en su día fuera de los JIjones. Accidiendo al mapa se puede hacer itinerario descrito por la autora de este estudio.

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